Quienes me conocen saben que tener una mascota ha sido el deseo más cercano a mi corazón. Sin embargo, y a pesar de uno que otro intento, se me tenía prohibido llevar perritos a la casa.
Llegó un punto en que me resigné y me conformé con jugar con los perros de otros. Después de todo, no es tan malo. Aro, Lucas, Chispa, Ziggy y Brownie siempre me reciben de buena manera.
Esa noche volvía de Miami. Fue un viaje con mucha turbulencia y tras de todo, no llegaron a recogerme a tiempo. Tuve que esperar cerca de hora y media, bajo la lluvia y con frío.Cuando llegué a casa, todo el mundo dormía. Dejé la maleta y subí a meterme entre las cobijas. Ni siquiera prendí la luz, solo pensaba que por dicha, al día siguiente no tenía que ir a la oficina.
Me levanté y, media dormida, bajé las gradas. En el último escalón me esperaba Rai, un cachorro todo guapo que movía la cola y me miraba con curiosidad. "No sé de quién es el perro, pero yo me lo dejo", pensé.
Un mensaje en Facebook, por parte de mi hermana, me confirmó que el perrito se quedaba.
Así fue como Rai, diminutivo de Raimund, llegó a mi vida y con él vino el cariño desinteresado, el agradecimiento por los chineos, los juegos de bola, las esperas detrás de la puerta...
Hay un perro en mi vida y eso me hace una persona feliz :)

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