domingo, julio 03, 2011

Un mundo de telenovela

Hace poco una amiga hizo una confesión que me dejó comiendo el coco.

Ella -una mujer valiente, profesional, inteligente, bella y buena persona- dijo que ya estaba cansada de los músicos y los periodistas, lo que ahora aspiraba era a conseguir un "gerente" que le resolviera lo económico y le permitiera lujos que le fueron negados debido a su humilde origen.

Otra amiga, sin juzgamiento de por medio, le dijo que por qué no se convertía ella en gerenta y así no esperaba sentada. Mi amiga, con una sinceridad que le devine de haberse dado tantos tropezones en la vida, le contestó: estoy cansada y eso me implica más trabajo, la verdad no tengo tiempo.

Días después me encontraba tomándome unos vinitos con otro grupo de amigas. Estábamos hablando que el "ex" de una de ellas se iba a casar ese sábado que venía. El "ex", prototipo de gerente, llevaba una relación de años con su prometida pero, cada vez que podía, le era infiel. Sin embargo, ella aguantaba, le perdonaba y volvía con él...

¿Cómo es la prometida? Bonita, menuda, inteligente, educada en buenos colegios y universidades, con apellido de pronunciación extranjera, familia de dinero y conocía al "ex" desde que eran unos chiquillos... se sabía que iban a terminar juntos.

Ambas, quizá diferentes en sus orígenes, estaban en una misma posición... a la espera del "buen partido" que las legitime y sobre todo, les dé seguridad. ¿No les suena conocido? Vieran que a mí se me parece al argumento de las telenovelas que colman las pantallas de televisión en Latinoamérica.

Una -humilde, pueblerina, hija de los peones- espera que el "hijo del patrón" la vuelva a ver y se enamore de ella, así se garantiza casa, vestidos bonitos, viajes y puede ayudar a su pobre familia. La otra -consentida y educada para ser trofeo- teme perderlo todo y quedarse sin ese mundo que conoce.

Incluso, una le teme a la otra. La humilde teme que el "hijo de patrón" nunca la vuelva a ver porque su competencia lo tiene todo, mientras que la "niña bien" teme perderlo todo ante el enamoramiento del "buen partido". Y, dependiendo de como se desarrolle la trama, empezarán a surgir los adjetivos: amante, sometida, rastrera, puta, sobrada, doña, bruja, loca, frígida...

Es más, al "hijo del patrón" o "buen partido" nadie le preguntó qué pensaba o sentía. Puede que asuma la posición de caradebarro y saque provecho de la situación. Alguien pudiera decir: "así son los maes" o "típico de un hombre"... y quizá tenga razón.

Pero, también me pongo en sus zapatos: qué jodido que lo quieran a uno para ver qué le sacan, cargar con la responsabilidad de proveedor, ser fuerte y dar seguridad. Ser un "buen partido", tampoco debe ser fácil.

A ver, no estoy disculpando al patriarcado. Hombres y mujeres somos víctimas de este sistema que nos ve los genitales como instrumentos de poder y no nos considera personas. ¡Qué complicado!

Lo cierto es que las telenovelas me aburren y ojalá pudiera apagar el televisor para que todas y todos pudiéramos salir al jardín... sin etiquetas o roles.

Yo no quiero un mundo de telenovela. Yo lo que quiero es un mundo de verdad.

2 comentarios:

monzith dijo...

Las novelas y también los cuentos que nos contaron cuando estábamos pequeños nos tienen jodidos.
A ratos pensamos que si nos sacrificamos, si creemos, si perdonamos, si nos hacemos de la vista gorda cuando nos mienten en la cara, todo irá bien.
Sin embargo nada justifica que aguantemos mentiras, humillaciones. NADA, seamos hombres o mujeres.
Y bueno con respecto a eso de ser buen partido, creo que también del lado femenino hay "buenos partidos" a los que sus parejas también los quieren para ver qué les sacan, o incluso para mostrarlos como trofeos.
Coincido con vos, Mich, yo quiero un mundo real en que la gente no finja los sentimientos y sea sincera

Darío y Andrea dijo...

Muy cool el miche entre los dos arquetipos de chicas noveleras. Me late que ahí está la idea de otra novela con dos protagonistas. Ahí está la plata, Mich. Ahí está tu sueldo de 'gerenta'.