Esa mañana, Lucía se despertó unos minutos antes que Manuel. Le miró detenidamente: aquel cuerpo que hundía el lado derecho de la cama, su respiración fuerte y sonora, los pies destapados, los colochos alborotados por el devenir nocturno...
Esa mañana, Manuel era intolerable. Lucía estaba hastiada del hombre con quien compartía sábanas. No lo soportaba. Le repugnaba compartir cobija con él, sentir su aliento en la nuca, percibir que la buscaba en las noches para acurrucarse...
Esa mañana, Lucía se despertó unos minnutos antes que Manuel. Le miró detenidamente y se dio cuenta que ya no lo quería volver a ver. Simplemente, él ya le daba pereza.
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