miércoles, abril 13, 2011

La última queja

Pues sí, metí las patas. Tomé la decisión más tonta de mi vida y me siento miserable. Todos los días me levanto, me veo al espejo y me hago la terapia de autoengaño con aquello de "hoy va a ser diferente". Bah, pamplinas.

Ya ni siquiera vale la pena proponer cosas, ni siquiera me da tiempo. Perdí la voz hace mucho. Siempre fui una pinche con los adjetivos y ahora sobran los lugares comunes. Basta decir que ya ni siquiera reconozco mis palabras.

Berrinche, ya lo hice. Hablé cuando tuve que hacerlo, expuse mi caso y recibí la palmadita correspondiente en mi espalda. ¿Cambios a la fecha? Ninguno. Tampoco sirvió llorar en las noches empapando la almohada. Bah, nadie escucha.

Así que esta es mi última queja al respecto. Ya dejó de importarme.

1 comentarios:

nancyboom dijo...

Conozco a una señora amargada, enferma, vieja que sigue estando en un lugar que no le gusta, con gente que no le importa, pero es incapaz de hacer la maleta y lo único que hace es quejarse. Yo lo que pienso es que a veces uno es más importante que la plata y que el "éxito".