
Pude haberla conocido en 1810, pero vine a conocerla unos 200 años más tarde. Un día cualquiera de agosto. Ambas esperábamos sentadas a que nos abrieran una puerta. En un impulso ajeno a su naturaleza, me habló.
Tenía la gracia de Elizabeth, y quizá un poco de su belleza. Nada evidente o exagerada como la de Jane. Apenas insinuada y solo acentuada por el brillo de los ojos cuando hablaba. También heredó la inteligencia de Lizzie, su gusto por los juegos de palabras.
"Es de una viva inteligencia, de una sabiduría alejada de toda pedantería, lo que le permite soportar serenamente y con indulgencia la estrecha atmósfera provinciana que le ha tocado vivir".
Jaja. Atmósfera provinciana... creo que la descripción le queda corta. Uff, ¡qué pesada!
Tenía la gracia de Elizabeth, y quizá un poco de su belleza. Nada evidente o exagerada como la de Jane. Apenas insinuada y solo acentuada por el brillo de los ojos cuando hablaba. También heredó la inteligencia de Lizzie, su gusto por los juegos de palabras.
"Es de una viva inteligencia, de una sabiduría alejada de toda pedantería, lo que le permite soportar serenamente y con indulgencia la estrecha atmósfera provinciana que le ha tocado vivir".
Jaja. Atmósfera provinciana... creo que la descripción le queda corta. Uff, ¡qué pesada!
Admito que también tiende a parecerse a Emma cuando ríe y se divierte. Tiene un alma transparente que no sabe disimular sus sentimientos al igual que Marianne, aunque sí suele controlar sus palabras y ser prudente como Elinor Dashwood.
No sé si ya lo dije, pero tengo la idea de que pude haberla conocido en 1810. Ya sé que eso es imposible. Yo solo decía que vine a conocerla unos 200 años más tarde. Un día cualquiera de agosto cuando ambas esperábamos sentadas a que nos abrieran una puerta.
Ella me recordaba de otro lugar. Otra época. Unas cuantas palabras y mi memoria trajo a presente que ese día vestía una blusa rosada. Un dato inútil. Al igual que muchos otros datos inútiles que sirvieron de excusa para interrumpirle su faena laboral para contarle una curiosidad, una anécdota, una metida de patas, enseñarle un chat o una foto.
Ahí sentadas, disfrutábamos de la plática y la verdad es que se distensó la espera. Hummm. Me parece que podría pasarme una tarde tomando café con ella, conversando sobre libros o películas, imaginar viajes imposibles, contarle un secreto, pedirle un consejo. Quizá podríamos caminar por el jardín, tomar un sendero y enlodarnos los ruedos del vestido como si fuéramos un par de personajes salidos de la pluma de Jane.
Nos abrieron la puerta y solo el tiempo vino a confirmar que esa simple conversación vendría a convertirse en esta amistad que nos une.
Hey, Dani, ¿a qué vino todo esto?
* Un guiño para mi buena amiga Dani o debería decir... Nanis, Fer o pequeña Bonaparte.