Puerto de marineros que recibes a quienes llevan arrastrada una vida. Mar en tierra de almas que buscan cariño en pechos, brazos y piernas desconocidos con la esperanza de que estos les recuerden cómo se siente querer. Soledad que se bebe a borbotones, a veces de un solo tirón, en la barra de algún bar de mala muerte mientras la música sale de los instrumentos de quienes también andan pulseándola. Baile de perdición, juego de seducción de aquellos que no tienen nada más que perder... Eso fuiste.
Hoy, es poco lo que queda de tu pasado. Sos un barrio que lucha contra su pobreza sacándole provecho a las circunstancias que se desprenden de ese pasado. A veces caés en el kitsch, incluso en lo comercial (mercancía para turistas, tal vez), pero quién podría culparte. Incluso, eso tiene su belleza.
Ventanas pequeñas sobre paredes de colores. Ropa tendida al propio en balcones. Murales y pinturas que no permiten fotografiarse. Callejones de piedra que bordean las cinturas de edificios. Un "Maradona" descolorido que aún soporta el flash que lo inmortaliza en el álbum familiar de europeos, gringos, asiáticos y latinoamericanos. Tango que se vende a partir de volantes.
Caminito, sos la hipérbole del tango. Aún así, tenés tu encanto.
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