domingo, julio 05, 2009

Jacko


De chiquilla, el esqueleto se me desarmaba al ritmo de sus canciones. Las medias ya se empezaban a desgastar cerca de los dedos de tantos intentos por caminar en la luna.

Crecí. La ingenuidad se quedó en la escuelita donde hice la primaria. Ni modo, respiré hondo y me lancé de lleno a la adolescencia. Tuve que hacer nivelación en inglés para poder acoplarme a un colegio cinco veces más grande. Claro, también tuve que "nivelar" mis expectativas, vida social, estatus socieconómico, etc. Si lo logré, no lo sé. Lo que sí puedo decir es que sobreviví.

La típica actividad de primer día: la presentación a los compañeros. Nombre, dónde vive, escuela de dónde viene y gustos, como por ejemplo en música.

- "Me llamo Michelle Soto. Soy de Tibás. Vengo de una escuela que se llama IPI. Y me gusta la música de Michael Jackson".

Recuerdo la cara de uno de mis compañeros cuando se estallaba de la risa. La chica popular me hizo la típica mueca de desaprobación y el resto, simplemente la siguió. Lección aprendida: no exponerse innecesariamente.

Años más tarde, tiré el birrete al cielo y salí corriendo rumbo a la U. A nadie parecía interesarle cómo me vestía, ni qué me gustaba, ni con quién andaba.

Jacko volvió a la memoria una noche cuando mi amigo Kenneth, en plena fiesta y frente a desconocidos, tomó un guante de cocina y se arrolló los pantalones hasta quedar "picapollos". El Macho programó una de las piezas ochenteras del cantante y el cartago se deslizó por el piso cuan moonwalker. Gritó y bailó como Michael. Fue la delicia de la velada.

En ese momento hice las pases con el pasado. Aquellos que hacían rueda alrededor del cartago, en su versión criolla del Rey del Pop, son quienes me acompañan en la vida. No les importa cómo me llamo, ni dónde vivo, ni de qué escuela vengo y tampoco les parece relevante que música me guste.

El tiempo pasó y hace una semana murió Michael. La televisión programa sus videos musicales, las radios reviven su música, los periódicos publican semblanzas y la web se llena de tributos. Hoy, todo el mundo admite que, como yo, se desarmaba cuando sonaba Thriller. A nadie le da pena decir que gusta del Jacko.

Sin embargo, siento una gran pena por ese hombre que añoraba convertirse en uno de los niños perdidos de Nunca Jamás. Nadie le dijo que su nariz grande no importaba, que no tenía por qué cambiar su color de piel para ser aceptado, que podía jugar como un pequeñín de su edad y tener infancia.

Si bien ya no imito sus movimientos en la pista de baile y confieso que hasta estoy un poco harta del boom mediático que trajo su muerte, puedo decirle que él musicalizó un momento de mi vida. Ya no me da pena decir que me gustaba Say say say, The way you make me feel o Smooth Criminal. Jacko, espero que ahora podás descansar en paz.

* Por cierto, un buen artículo de El País sobre la muerte de Michael Jackson aquí.

1 comentarios:

Nancyboom dijo...

Si vieras como me he acordado de Kenneth y su maravilloso baile estilo Jacko con ese guante de cocina. Me pregunto cómo no tenemos una foto...
Beso